viernes, 16 de octubre de 2015

LA HISTORIA DE JUANITA




Ella se presenta como una invocación en mis sueños, con sus rizos dorados, caminando de la mano del padre. 

Yo: He soñado con nuestra hija.
El: Nosotros no tenemos una hija.
Yo: Pero la tendremos.

Llega la primavera y con ella un retardo en mi ciclo. Estamos restructurando casa, ambos trabajamos duramente para alcanzar a terminar antes de la llegada del verano. Esa mañana me levanto con un ansia que me genera una verborrea infinita, así que comienzo desde las primeras horas del día y hasta la caída del sol a girar al rededor de mi marido con el siguiente monologo: 

“Aún no me ha llegado…ya pasaron 5 días.
Que vamos a hacer?
Es que tal vez estoy en embarazo…y si no, entonces qué será?
Estaré enferma?
Tendré un problema en los ovarios?
Tenemos que conseguir una cita con el ginecólogo.
Y si estoy embarazada que hacemos?
Ambos estamos sin trabajo…O a ti te hace ilusión la legada de un bebé?
No me siento tan preparada que digamos para ser mamá.
O será el cambio de clima? Esta es una posibilidad, el cambio de estación. 
Pero no, tantos días de retardo es embarazo…”

Mi esposo sentado en el piso del corredor, me escucha por horas sin decir una palabra y sin perder la concentración en el cambio de entubación que está haciendo.  Hacia medio día me dice concentrado siempre en los tubos “llama a tu mamá y dile que se prepare para venir”.

“Yo no la puedo llamar hasta no estar segura que estamos embarazados, porque podría estar enferma y no embarazada, podría tener un desorden hormonal o…
Pero si estamos embarazados, claro que tiene que venir, porque yo espero que tu entres conmigo en la sala parto, pero si no te la sientes, si te sientes mal o si cualquier cosa te impide acompañarme, quiero poder apretarle la mano a mi mamá mientras grito de dolor y te maldigo por haberme embarazado…
Bueno mejor no hacernos ilusiones, porque aun no sabemos…
Te imaginas un Marcellino o una Anina corriendo por la casa?
Que nombre le ponemos a este hijo hipotético? 
Recuerda que debe llevar los dos apellidos, si no no lo tengo.
Y si estoy enferma, eso si que seria un problema. 
Tal vez no sea embarazo, nosotros nos hemos cuidado…pero y si sí?”

Y así, entre preguntas que me respondo yo misma llega un nuevo día.  Salgo del baño, encuentro a mi esposo sentado en el corredor comenzando a pasar los cables de la luz. Se detiene un minuto y con dulzura me mira y me sonríe.

Yo: Siento mucho si te ilusioné con el hijo hipotético. me acaba de llegar la menstruación.
El: Quiere decir que Juanita llegará en el próximo tren.

De aquel día pasan 3 años en los cuales el tema del hijo hipotético no se vuelve a tocar. Llegan nuevas primaveras y nuevas navidades con ciclos menstruales regulares. Los amigos de mi esposo nos invitan a celebrar el fin de año en un restaurante, pero Marcello está con fiebre y malestar general, así que decidimos que es mejor quedarnos en la casa. Pese al malestar de Marcello, logramos preparar una cena casi romántica y totalmente intima. Las doce uvas de los deseos de media noche no pueden faltar. Ninguno sabe lo que va a pedir el otro, pero con la primera uva decimos al unísono “!quiero tener un hijo!”.

Digamos que durante la primavera ha pasado de todo, ha sido una primavera algo gris y para colmo de males, poco antes del inicio del verano nos informan que no nos renuevan el contrato en el kiosco en el mar donde hemos trabajado los últimos dos años. Ay carajo, y ahora que se hace??? Está muy tarde para comenzar a buscar otro trabajo, la gente contrata en primavera los servicios para el verano. No me pregunten cómo, cuándo ni por qué, pero me improviso camarera en un restaurante. Trato de hacer mi trabajo lo mejor posible así sea una novata en este campo. 

En medio al trajín de los últimos meses, una mañana una duda me despierta.

Yo: Vos sabes si ya me vino?
El: Si no lo sabes tu.
Yo: No me acuerdo si aun me debe venir o si ya se me fue.
El: Estas embarazada?
Yo: No sé.
El: Compremos un test.
Yo: Pero no aquí, en la farmacia de otro pueblo. Si alguien nos ve comprando el test, se riega la voz de que estoy embarazada y a lo mejor no lo estoy.
El: Ok, compramos el test en otro pueblo.

Con el test en mano nos encerramos en el baño. Con un fuerte abrazo y algunas lágrimas, celebramos el resultado positivo. Desde entonces 2 canciones acompañan el desarrollo de la vida que crece dentro de mi: 
-Guantanamera, que por esos días anda de moda en Italia gracias a un remix del cantante Zucchero,  pero que los italianos la cantan diciendo “mangia la mela, Juanita mangia la meeelaaaa”, es decir Juanita come la manzana.
-Buenos días amiguitos como están? Muy bien! Es este un saludo de amistad (…), que yo cada mañana se la canto a mi bebe en versión personalizada: “buenos días Juanita cómo estás?” 

Mi familia, que está muy lejos de aquí, al recibir la noticia explota de alegría: gritos, risas, lágrimas y abrazos, todo al mismo tiempo. 

Yo continúo a trabajar, pese a lo duro que es a veces. Por fortuna mis jefes y mis colegas me ayudan con lo que pueden. Para compensar el cansancio del trabajo y el agite cotidiano, practico meditación 10 minutos al día. Ella se presenta de nuevo como una premonición.   

La veo de frente a mi, sentada con el padre en una barca de madera en medio a un grande lago. No tienen remos, pero están en el centro del lago, como en una situación inconclusa. Miro detrás de mi y veo que al rededor de una hoguera están reunidos algunos monjes tibetanos con sus túnicas naranjadas, algunos indígenas colombianos con sus bastones de mando y sus trajes típicos, algunas señoras católicas con escapulario en mano, algunos familiares míos y un montón de des conocidos. Todos  orando por mi hija.

Algunos meses después la vuelvo a soñar siempre con sus rizos dorados, bailando y diciendo “yo quiero ser bailarina de pop”. La víspera del parto la sueño por última vez. La veo como un feto y no como un bebé, como si no estuviera lista para nacer.

Y así es. Cuando llega al mundo la siento llorar y pienso que es la música más hermosa del mundo. Una enfermera me la muestra por unos 4 segundos y se la lleva. Una vez en la habitación del hospital a las otras mamás les traen a sus hijos recién nacidos y a mi no. Cuando entran la doctora que ayudó al ginecólogo en el parto y el pediatra, me basta mirarlos a los ojos para entender que algo no está bien. Estoy aún bajo el efecto de la anestesia, por eso no me altero, pero comprendo lo complejo de la situación. Veo la pena en la expresión de la doctora que nos explica lo que pasa, veo las lágrimas contenidas en los ojos de mi esposo, mi suegra, mi cuñado y su esposa, veo un pediatra que trata de darnos respuestas, veo angustia y miedo en las personas que me rodean. Trato de des dramatizar ese momento, les digo que no deben llorar porque se les daña el maquillaje y todos ríen, pero luego regresan las caras largas. Les pido que estén tranquilos, que piensen que la bebe estará en las mejores manos, que deben pensar positivo, que la atenderá un medico especialista en su problema…en realidad yo me estoy muriendo por dentro, tengo tanto miedo como los demás de no volverla a ver.

La deben trasferir a un hospital pediatrico en Roma o en Napoli, donde encuentren un puesto libre y debe ser operada de inmediato. Le pido al cielo que la lleven a Napoli, es menos lejos. Luego le digo unas mil veces a mi esposo que le tome muchas fotos a la bebe para que la podamos reconocer, no sea que nos la cambien o nos la roben o por si simplemente no la vuelvo a ver.

Mientras los doctores del hospital pediàtrico visitan a mi hija, evalúan su caso y reservan la sala de cirugía, fuera en el corredor  Marcello y el hermano se abrazan y lloran. La cuñada de Marcello y mi suegra se quedan conmigo en la clínica donde di a luz. Cuando llaman de Colombia con ese amor, esa alegría y esa ilusión, les doy la mala noticia y una vez más hago lo posible por tranquilizarlos. A mi mamá le pido dos cosas: que pongan la mente positiva, necesito que nos envíen energía positiva y que no hablen de mi hija con frases como “ay pobrecita”, pues ella no necesita de la lastima de nadie, además por fortuna tiene acceso a los servicios médicos y a los especialistas que trataran de mejorar su condición actual.

Apenas termino de hablar con mi mamá, pasa una cosa extraordinaria: visto que tengo familiares y amigos regados por medio mundo y practicantes de distintos credos, en un modo espontáneo y durante todo el tiempo que Juanita está en el hospital se genera una cadena de amor y de oración en distintas lenguas, desde distintas religiones y prácticas espirituales, así como en la imagen que se me había presentado meses atrás mientras meditaba. Y así como en esa ensoñación, padre e hija quedan solos en la barca de frente al dilema de la vida y la muerte durante la primera semana de Juanita en el mundo. Cada día Marcello, cuando va a visitarla le canta su canción “buenos días Juanita cómo estás? “   

La cesaría aún me duele, pero no soporto un día más sin conocer a mi hija, así que me preparo para el gran día.  Antes de entrar a cuidados intensivos nos ponemos bata y gorro de esos de doctor y nos tenemos más que lavar, desinfectar las manos. Cuando entramos, el corazón me late fuerte. La bebe más linda de toda la sala es la nuestra. Es diminuta porque nació prematura, cada pierna es delgada como el dedo pulgar de Marcello, es mona, blanca y tiene los pies tan largos  que me hace pensar al número 40 que calza la tía.

Marcello sirve de intermediario. 

M- Juanita, mira quien vino a visitarte. Es tu mamá.

Ella lo mira fijo. Luego me mira a mi parada del otro lado de la incubadora. Me mira como cuando uno ve a alguien en la calle y piensa “quién es que ès éste? de dónde lo conozco?”. A un cierto punto cae en cuenta de quien soy y se le ilumina la mirada. Esa mirada la tengo grabada en la memoria y en el corazón. La canción Hijo de la agrupación Los Cafres, describe lo significativo de cada encuentro con nuestra hija:

“Tus ojitos al querer brillan como la miel
Sentir tus manitos sobre mi
Vivir tu dulce inocencia me duele tanto querer
Espero cada día por ver esa sonrisa

El presente es abrazarte y que nada te falte
Tu alegría es la vida en este instante
Que no pare y que te abrase llenaste mi ser
Que tus ganas inocentes que ahora quiero ver
Son lugares de placer
Hoy la vida es jugar, amarte sin parar
Hoy la vida es inventar cada día una alegría y nada mas

Ahora se lo bueno que fue soñarte
Y ahora se lo hermoso que es cuidarte
Ahora se lo bueno que fue soñarte
Y ahora se lo hermoso que es cuidarte

Quiero tu luz sanadora”. 















La hora de visita pasa en 5 minutos. No vemos la hora de que llegue mañana para volverla a ver, para cantarle su canción, para decirle cuánto la amamos, para hablarle de su familia, para recordarle que la estamos esperando en la casa (porque la casa está vacía sin ella). Esta ancia del mañana nos dura los dos meses que ella está en el hospital. Marcello llora todos los días, mientras yo trato de mantenerme fuerte para él y para ella. No siempre es fácil, porque en el fondo siento que me robaron un pedazo de maternidad: no pujé para traerla al mundo, no la tome entre mis brazos ni le di pecho el día que nació, no la acompañe el día de la operación…tuve que esperar una semana para conocerla y un mes para cargarla por primera vez, no la pude amamantar…

Cada noche pensábamos si estará bien, si llora y nadie le para bolas, si duerme, si tiene hambre, si se complica su cuadro médico, si se siente sola…la buena energía de las oraciones nos llega y nos recarga para enfrentar cada hoy, para llegar al hospital con una sonrisa, con vitalidad, con esperanzas. Mi tía Leticia de casi 90 años, le encomienda al Niño Jesús nuestra hija. Mi papá que murió cuando yo tenia 2 años, se me presenta al lado de la incubadora de Juanita. La cadena de amor y oración cada vez es más fuerte. 

La familia de Marcello nos espera cada tarde en la casa de mis suegros para saber cómo está Juanita y ver las fotos que cada tanto le hacemos. En el pueblo que vivimos todos están pendientes de la salud de nuestra hija y de su llegada a la casa. La familia colombiana regada por el mundo se llena de amor, solidaridad y unión: Sí, Juanita es la disculpa  para comunicarnos, para restablecer vínculos, para fortalecer relaciones, para fomentar el amor entre nosotros.

La estadía en el hospital tiene sus alti bajos. Los médicos nos dicen a todos los papás una cosa muy cierta: “no les vamos a decir que sus hijos están bien, porque si estaban bien no estaban en el hospital. Pero les podemos decir si mejoran o empeoran”.  Cada mejoría es una alegría compartida y cada problema es un dolor compartido con todos los padres que tienen sus bebes en cuidados intensivos, como si de algún modo los niños se volvieran hijos de todos.

El día que nos informan que le darán de alta, sin importarme donde estoy ni quien me mira, yo salto, bailo, grito, río, abrazo. La sobrina de Marcello que tiene unos 9 años le hace un cartel de bienvenida y le decora la casa con globos. Desde entonces han pasado 2 años y medio con la canción Juanita Bonita como banda sonora. Dos años en los cuales, periódicamente nuestra hija ha continuado a hacerse controles médicos 

Y si bien, esta experiencia hará siempre parte de su vida, ahora afrontamos este proceso con mayor conocimiento y tranquilidad. Juanita por su parte, está disfrutando otra importante aventura: está esperando un hermanito. Así como yo le leí, le canté y le conté cómo era el mundo cuando vivía en mi pancita; ahora ella en forma espontánea, amorosa y alegre hace lo mismo con su fratello. Comparte con él su particular modo de ver el mundo y lo hace participar en sus experiencias de vida. 

Tendría tanto para contarles de Juanita con sus gracias, su ingenio, sus ocurrencias…sin embargo me limito ha decir que la historia de Juanita nos ha dejado a todos los que la conocemos una enseñanza a nivel ortográfico. Ustedes se preguntarán qué tiene que ver la ortografía con lo que les acabo de contar. Pues muy sencillo, esta vivencia nos enseña que AMOR se escribe con JOTA.

Hanna Lucida
16 octubre 2015